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Por los caminos

enero 28, 2009

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Viajo, luego existo. También es verdad que si viajo demasiado, me arriesgo a dejar de existir. Uno puede pasarse un día solo a base de mangos, como aquel fin de semana en Manacal, un campismo cercano a Topes de Collantes, o almorzar galletas viejas con tajadas de aguacate sin madurar, como hicimos una docena de estudiantes de periodismo en lo alto de La Gran Piedra, o mantenerse durante todo un festival de cine latinoamericano desayunando, almorzando y comiendo discos de mantequilla y refresco gaseado en la cafetería salvadora de Línea y 16. Eso uno puede hacerlo, pero si lo convierte en rutina, hay peligro de desintegración, estoy seguro.

Odiseo, Marco Polo, Colón, Magallanes, Livingstone, Ernesto Guevara, viajeros impertinentes, son los tópicos culturales de los que, sobre todo, ansiamos conocer el mundo. Pero prefiero pensar en Dante, el hombre que atravesó los lugares de los muertos en busca de su ideal, y de paso rozó todas las miserias y glorias humanas.

7 comentarios leave one →
  1. enero 31, 2009 9:58 pm

    Incluyo tu blog en mi lista de : Blogs Sobre Cuba
    Saludos,
    Al Godar

  2. EL GUSANON permalink
    enero 31, 2009 11:16 pm

    Henry te voy a contar porque no pudistes pasar de la Bajada. Mira yo estuve en ese lugar en el año 1998 que fui con dos amigas norteamericanas y mi hermano hasta alli para hospedarnos en la Playa Maria la Gorda que esta a 13 kilometros de la Bajada. Esa playa fue de uso exclusivo del comandante en jefe por años hasta que se aburrio de ella y se la dio para uso del turismo INTERNACIONAL (importante destacar esto ultimo) Bueno en aquella epoca se podia pasar hasta la playa Maria la Gorda pero no hasta el Cabo de San Antoino y para ello tenias que tener esas autorizaciones que tu dices de no se cuantas instituciones pero como mis amigas tenian dollares ellas pagaron creo que 30 por cabeza y pudimos ir hasta alla. Lo que sucede es que en ese lugar los camajanes del gobierno tienen un COTO DE CAZA para que ellos puedan cazar venados y demas animales de la fauna cubana. (sacrificados los dirigente de Cuba verdad?) Te cuento que cuando fuimos a Maria la Gorda tuvimos que darle tremenda muela a la Carpetera para que nos dejara hospedar ya que mi hermano y yo eramos cubanos y por tanto sin derecho a hospedaje pero gracias nuevamente al bolsillo de mi amiga que toco con limon a la carpetera y a que nosostros eramos muchchos desentes universitarios y demas nos dejaron hospedar alli.
    Una ves hospedados nos enteramos con la gente que trabaja alli de todos esos pormenores que te he contado. Cosas que despues corrobore con los hijos de los sacrificados dirigentes que estudiaron comigo en la escuela y que me contaron con lujo de detalles sus aventuras de cseria por la parte mas occidental de la isla. Que triste verdad tener que escuchar todo eso, despues que te meten en la cabeza que esta revoulucion es de los humildes, con los humildes y para los humildes.
    No hacen falta comentarios

  3. marta farreras permalink
    febrero 1, 2009 1:53 pm

    el viajar es cultura , leo tu blog y es cultura , explicas cosa que yo no conocía y lo explicas muy bien,¿ podrias incluir en tus viajes a la isla su cocina ? cuba es una isla maravillosa y su cocina una desconocida

  4. Pericles permalink
    febrero 5, 2009 9:19 am

    VIAJAR

    (DE MIS MEMORIAS)

    Viajar en la Cuba del último medio siglo ha sido uno más de los tantos eventos en los cuales la decisión de hacerlo, cuando realizarlo, por que ruta y con que autorización ha marcado con su indeleble huella los rasgos que engloban un modo de vivir totalmente ajeno a la contemporaneidad en que se enmarca.
    Excluiría de este análisis los inapelables peregrinajes para cumplir las "gloriosas misiones internacionalistas", porque en esas aventuras, el viaje era solo el tránsito inevitable hacia un destino incierto y generalmente poco agradable, solo determinado por la festinada y obsesiva compulsión de una mente polarizada en su objetivo supremo, la consagración como arquitecto universal y componedor del mundo, y el viajero, instrumento ciego e involuntario, solo era la célula de un tejido creciente y ambiguo que atravesando mares y fronteras trataba de transformar el universo, sumido en sus luchas y contradicciones, en un supuesto paraíso, signado por una inflexible doctrina inconsulta que envuelta en un manto de fervor humanitario, que encubriendo los verdaderos propósitos, nos llevaba irremisiblemente, por el sendero de una nueva frustración.
    Pero existían otros viajes.
    Los que los "modestos embajadores" que representando la doctrina transitaban allende los mares y abnegadamente entregaban su esfuerzo en aras de dar a conocer los éxitos y proyectos que queríamos compartir .La de los honestos funcionarios, en todos los niveles del inmenso aparato que cumpliendo las más extraordinarias tareas, reales o supuestas, se esforzaban periódicamente en asumir "peligrosas travesías" con "mínimos recursos"
    Tareas que se repartían entre los miembros del colectivo y que se hacían casi competitivas, cuando al final del año se contabilizaba el per cápita.
    Pero incluso dentro de la "masa" existían posibilidades. Claro que la oportunidad de acceder a ellas tenía sus reglas. Quizá dentro de nuestra profesión y enmarcado en una fundamentación teórica convincente que incluía la necesidad de acercamiento a la cultura y tecnología avanzada, se abrió una vía que posiblemente fue de las más transitadas.
    Por supuesto, no bastaba con que la argumentación fuera convincente, había que asegurarse además de la confiabilidad. Cualquier postura discordante, actitud poco combativa o sospecha de riesgo de convertir la coyuntura en una salida permanente y definitiva, podía ser un obstáculo insalvable, independientemente de lo justificado de la participación
    De modo que cada viaje del ciudadano común, lógicamente subvencionado por el Estado, podía convertirse en una encuesta que incluyendo la opinión de los organismos a nivel de cuadra y continuando con la del aparato administrativo, político y de seguridad de su centro laboral, determinaría la viabilidad del proyecto. La justificación científico-técnica para la participación podía y debía existir pero paradójicamente no resultaba lo determinante.

    Durante casi 30 años en el seno de las FAR mi acercamiento al convite se limitó a la participación en tareas internacionalistas, lo que en la jerga del medio llegó a nominarse como "Africones"
    Mi modesto desarrollo profesional me llevó, inmerecidamente, a compartir el honor de ser miembro del Grupo Nacional de la Especialidad y a tenor con esta pertenencia surgieron nuevas tareas que sumar a las tradicionales. Curiosamente, a mí siempre me tocaban las nacionales. Probablemente mis avezados colegas se percataban que la proposición para participar en eventos internacionales era una sugerencia escabrosa y durante el período de superposición de la condición castrense con la científica no formé en la nómina de los viajeros.
    Mi jubilación de las FAR, a las que representaba en aquel distinguido equipo, me llevó a plantear que mi tarea dentro del mismo había llegado a su fin. Quizá, el afecto personal más que la distinción profesional que pudiera ostentar determinó mi permanencia en la selecta congregación A partir de entonces entré en la nómina de los viajeros
    La primera oferta, quizá determinada por la vieja deuda, se presentó solo un mes después de la jubilación y me llevó a un evento en México.
    Cito el hecho, porque al ser mi debut, descubrí en solo 15 días los resortes manejos y combinaciones que se movían alrededor de estas oportunidades.
    En primer término, como ocurre casi siempre que los modestos mortales salen, suele ser en grupo y en este caso, (no por simple casualidad), tres éramos viejos amigos, con mutua y recíproca confianza, y que compartíamos además la condición de primerizos, pero el cuarto, aunque conocido y funcionario, no gozaba de esa prerrogativa, por lo que rápidamente fue identificado como el factor de riesgo, mientras él, por su cuenta, se atribuyó funciones de jefatura.
    Es curioso como en aquel sub mundo que integraba la cofradía del privilegiado grupo con acceso a estas aventuras se mantenía una compartimentación, casi absoluta sobre las pequeñas trampas que todos intuían y en las que todos participaban, pero sus tretas casi había que redescubrirlas y con astuta y taimada maestría, guardar también celosamente las habilidades que se añadían al acervo cultural y práctico del tema.
    La primera tentación fue la asignación para el pago del hotel. Ochenta dólares diarios era una buena asignación (se trataba de un evento subvencionado por una organización internacional). El jefe, esgrimiendo el argumento tradicional de la modestia y el ahorro nos indujo a pernoctar en un hotelito que por su ubicación y condiciones solo costaba quince. Curiosamente a nosotros nos pareció muy bueno.
    El pensamiento turbador de que cada día sobraban sesenta y cinco (y cuantas cosas se podían resolver con esto) me desató los viejos hábitos burgueses. Mi mente, que evidentemente no era tan honesta como aparentaba me llevó a la formulación de un proyecto, que estudiado durante varios días, me condujo una madrugada a acercarme a un mejicano, de aspecto pobre y necesitado que en ese horario se ocupaba de la carpeta. Mi ofrecimiento de regalarle veinte dólares si me hacía una doble factura, una falsa para presentar en Cuba y la otra real para el hotel, lo puso a pensar. No quiso darme una respuesta inmediata que difirió para la siguiente madrugada, en la cual me dijo que, si pero 30. A mi me pareció bien y cerramos el trato. El resto de la noche no dormí bien. Resolver (65X 15=975, menos 30= 945, me parecía fabuloso, a pesar de los riesgos que pudiera implicar el procedimiento.
    Pero no pensaba dejar fuera de este descubrimiento a mis socios, por lo cual tan pronto pude les trasmití mi fabulosa jugada (que lógicamente fue calurosamente aceptada. Por supuesto, el jefe, se quedaría fuera. No era confiable. Los pobres tienen que tener su solidaridad y tomar sus precauciones.
    Esta historia tendría muchos otros pequeños detalles, pero la harían demasiado larga. Sin embargo el colofón fue aun más sorprendente.
    Resultó que los tres novatos, por esta misma condición o por preservar el futuro, hicimos una declaración en regla, que justificaba los gastos (excepto el truco del hotel) y fuimos despedidos con felicitaciones.
    El jefe se pasó de vivo. No devolvió nada, confiado en la inmunidad que supuestamente le confería su condición se quedó con todo sin documentos de justificación. Le costó una buena reprimenda. No se si algo más.
    Para la próxima, también en el mismo país, ya éramos expertos.
    Después, casi cada año aparecieron dos o tres posibilidades. Un viaje de promoción nos llevó a un periplo que incluyó Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia. En este, la centralización de los beneficios, que fueron cuantiosos estuvo en manos del jefe, ahora real, que administró los fondos hoteleros. De todos modos la mordida fue tan amplia que le instó a compartir voluntariamente una minúscula porción lo que sumado a la dieta compensada con las inevitables invitaciones, siempre dejó un saldo no despreciable.
    Hubo distintos viajes, algunos con ganancias y otros a los que se sumó el placer de conocer nuevos paisajes. Entre ellos, el más atractivo, París con sus retazos de historia en cada rincón, con su belleza clásica y su rango de gran ciudad que tuve la oportunidad de visitar dos veces. En una de ellas, la factura de hotel la materializó un padre de paciente agradecido que coincidiendo con nosotros nos proporcionó el valioso documento.
    Este truco de la factura hotelera sufrió modificaciones con el tiempo. Por cuanto la digitalización del trámite, la condición de foliadas y otras contingencias la hicieron más complicada. No obstante, el mismo progreso que la obstaculizaba paradójicamente finalmente la facilitaba. Recuerdo una de las últimas, en la cual un sólido amigo dominicano, la fabricó en su casa, en su computadora y quedó tan buena que no tuve dificultades.
    En realidad, la participación en el evento, se fue convirtiendo en algo secundario. Simplemente era la justificación para conseguir otros propósitos. Yo por lo menos confieso, que cuando tenía la suerte de concurrir solo o en compañía confiable le dedicaba muy poco tiempo.
    Una expresión más, entre tantas, de la falsedad en que vivíamos y de la medida en que la realidad material que gravitaba sobre todos no solo era capaz de transformar legítimas y arraigadas tradiciones y sentimientos vocacionales en un vehículo aceptable para la supervivencia, sino además, determinar, que la conciencia (que también necesita proteínas) se hiciera de la vista gorda.
    Otro capítulo, compartimentado y sepultado, era el de las sugerencias del Seguroso de turno, para que un poco en pago por el privilegio otorgado colaboraras en tareas de información sobre el medio o los personajes participantes en el evento o coterráneos residentes en el país. Pienso que como yo, la mayoría, daría su aprobación a esta sugerencia, que inmediatamente olvidaba y solo recordaba al regreso aduciendo que nada había llamado nuestra atención. Negarse de plano a la colaboración simplemente podía ser suficiente para borrarte de la Nómina de Viajeros

    Viajar por el simple placer de hacerlo. Decidir cuando y a donde y regresar en la fecha que te pareciera oportuno son temas excluidos de nuestro acervo cultural, espiritual y patrimonial. Fundamentalmente porque no existe la posibilidad legal, pero además, aunque existiera, para el común de los mortales de esta tierra tampoco existe la posibilidad material, amen que en el entramado de cualquier proyecto estará siempre latente la posibilidad de la emigración, lo cual convierte en utópico el pensamiento de que te concedan una visa.
    De la cárcel, habitualmente se sale cuando se cumple la condena, pero ninguna de ellas, ni la prisión ni la pena son eternas, de modo que algún día, entraremos en la corriente de la contemporaneidad y recobraremos este y el resto de los derechos conculcados que merecemos por derecho propio.

  5. Julia permalink
    febrero 5, 2009 3:16 pm

    Hola Henry,

    Acabo de volver de Cuba, donde conoci a Yoani y Rei. Ellos me contaron sobre este portal de los bloggers cubanos, y quiesiera hablar contigo sobre su blog (soy una periodista). Como puedo contactarle? Email? Telefono? (Mi email es julia.ioffe@gmail.com)

    Muchisimas gracias por sus cuentas maravillosas!
    Julia

  6. Jesus permalink
    febrero 19, 2009 7:08 pm

    Me gusta como escribes, que bueno que nos lleves a pasear por nuestro pais.

  7. Eon Flux permalink
    febrero 24, 2009 3:10 am

    Henri, tus viajes me hicieron recordar el viaje que hize 5 años antes que nacieras:
    Habana-Hersey-Matanzas-Varadero-Playa Giron-Trinidad-Cienfuegos-Santa Clara ( donde se nos acabo el dinero y cojimos botella en las 8 vias ).

    Todo en transporte local.

    Y como no habia nada que comer en Playa Giron, tuvimos que esperar a que por la tarde, el bodeguero nos vendiera el pan que habia sobrado y un pomo de tomates verdes en vinagre.

    Ese fue nuestro desayuno-almuerzo-comida ese dia: un emparedado de tomates encurtidos!

    Buena suerte!

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