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Apagando el incendio

junio 6, 2009

bulevar

Esta vez voy a silenciar la primera persona que siempre uso para narrar los viajes: dejo de cicerones a unos espíritus extremadamente importantes, los que decidieron el itinerario de mis travesías, fundando a Camagüey en donde está, a La Habana y Holguín en La Habana y Holguín

Diego Velázquez de Cuéllar, Don Luis de Clouet Favro, Pánfilo de Narváez con su andar marinero, el capitán García Holguín, Vasco Porcayo de Figueroa arrastrando la soga sanguinolienta, Jácome de Ávila perdido con la cuenta de las reses, el diligente Don Francisco Sánchez Griñán, el teniente gobernador José Antonio de Silva y Ramírez de Arellano, seguidos de una docena de conquistadores y caballeros que son los fundadores de las ciudades de Cuba, van hasta Bayamo, en Granma, una de las provincias más atrasadas de la isla, y cuyo centro urbano, desde hace unos años, comenzó a renacer de unas cenizas más graves que las del incendio mambí.

Entraron por los acantilados que dan al río del cacique Bayamo. Subieron por un callejón adoquinado hasta la plaza. Y a los cinco minutos entraban en el bulevar.

Vasco Porcayo se acercó a la cola que salía del Coppelia barato, a ver de cerca tantas muchachas de pelo indio, que le recordaban su harén, pero ninguna quiso acercársele. Si sigue por el bulevar, en la acera derecha, hay otra heladería mejor y con aire acondicionado, le confió una señora mayor que lo tomó por extranjero. Pánfilo de Nárvaez, que también oyó aquello, se lanzó con los demás por el medio del bulevar, tratando de no chocar con los postes de la luz enmascarados artísticamente, pero en la refresquera climatizada se deshizo el grupo cuando el gordo Jácome de Ávila pidió jugo de piña, a ver si sabían igual que las de sus tierras, y García Holguín dijo que no, que lo quería de guayaba, mientras De Clouet excusez-moi, monsieur  y preguntó si el refresco era de naranjas de Louisiana. ¡No puede ser!, dijo Don Francisco Sánchez Griñán, el Rey sabrá de esto, y pensó con dolor en Manzanillo, la gemela cenicienta de Bayamo, derrumbándose entre el mar  y el abandono.

Diego Velázquez, rojo de envidia, como siempre, se tomó un pru oriental ¡embotellado y con etiqueta de fábrica! Les falta algo, susurró con despecho: en su Santiago, la capital del pru, jamás se le había dado tanto glamour a esa bebida. A Narváez le llamó la atención un saloncito con cartel de museo, en el que unas excelentes figuras de cera lo miraban con jocosa atención. ¡Ni en San Cristóbal de La Habana!, pensó. García Holguín y Jácome de Ávila perdieron el rumbo y el poco oro que el primero guardaba de cuando apresó al emperador azteca, en mojitos y cubalibres del piano-bar; José Antonio de Silva, que siguió solo hasta la terminal de ómnibus, se sentó a esperar a los otros en el café encristalado con techo vanguardista: en medio de una taza de rocío de gallo, café con ron, resolvió mandar a construir uno idéntico en Guisa; Vasco Porcayo se demoró tratando de llevarse para su encomienda al enorme indio de barro del Museo de Arqueología…

Sánchez Griñán, fiel a Manzanillo, anotó cuidadosamente las quejas al rey: demasiados sitios con aire acondicionado ¡hasta una zapatería!, a precios irrisorios; el helado de la cremería tenía sabor y era helado ¿dónde se había visto eso?; todo estaba pensado con notable aire artístico ¡hasta los puestos de venta y el suelo del bulevar estaban adornados con reproducciones de obras célebres en la pintura cubana!; había demasiados empleados para atender la limpieza de los parques y calles del centro…

Con la noche casi encima, la comitiva dio marcha atrás. Enfilaron por la calle Parada, como quien va a salir a la terminal de trenes, y vieron unos barrios enormes con calles rotas y churre y gente cargando agua en cubos. Ya me extrañaba,  dijo Diego Velázquez y la envidia se le calmó un poco. Entonces gritó Vasco Porcayo, que iba a su lado, todavía rabioso porque no le dejaron llevar el indio del museo, en cuanto llegue a Camagüey ahorco de nuevo al alcalde, a ver si acaba de hacer una villa decente.

Vista del bulevard

Vista del bulevard

También se ha cuidado el aire colonial

También se ha cuidado el aire colonial

Río Bayamo

Río Bayamo

Praque Céspedes, en el corazón de Bayamo

Praque Céspedes, en el corazón de BayamoIncomparable en Cuba

2 comentarios leave one →
  1. abril 12, 2010 1:34 pm

    Excelente post!

  2. MIRIAM SIFONTES permalink
    octubre 20, 2010 10:23 am

    Gracias por tu blog; pero aun mas por la frescura de tu narrativa y tu voluntad de vibrar tu poesia y tu vida por y a pesar de todo.
    Yo soy camagueyana ( No…”fui camagueyana”) Soy, porque realmente es fundamento de mi ser; si no, fuera otra..verdad?
    te encontre por casualidad navegando y buscando otras cosas. me felicito por eso. No se si vives alla o alla o aca. Eres tan joven como mi hija. cuando yo era de tu edad, tambien fui un poco como tu.
    Felicidades, gracias y un abrazo de tinajon a tinajon.
    Miriam

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