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La vorágine, parte 2

junio 9, 2009

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Por el encuentro

Crucé Bogotá de arriba abajo, siguiendo las carreras, que son las calles que van de . No puedo olvidar la compañía perenne de los cerros, el friecillo, algo más fuerte que nuestro invierno más crudo, y las megabarriadas marginales que rodean la ciudad, que en aquel entonces, 2001, pasaba de los seis millones y medio de habitantes. Y me golpeaba la variedad y atrevimiento de carteles pintados con sprays en cualquier lugar, lo mismo haciendo propaganda electoral, que chistes, o protestas.

Había muchos guardias con armas largas en las calles. Nunca nos abandonó un señor fuerte que miraba a todos lados, y en el auto del funcionario cubano siempre anduvimos con las puertas aseguradas.

Nos llevaron a la colonial Plaza Bolívar, en uno de cuyos costados está la Casa de Nariño, que es el palacio presidencial de Colombia: también lo visitamos.

Caminé entre decenas de gordos tranquilamente pintados en el Museo Fernando Botero. En el parque de diversiones Camelot no pude terminar de comerme una enorme crepe, algo así como un pan relleno de carne en salsa; nos llevaron al interactivo Maloka, en el que supe cuánto yo pesaría en Marte, y cuánto en Júpiter; recorrimos la imprenta de hierros primitivos en el respetadísimo Instituto Caro y Cuervo.

Vi una limusina, un niño registrando la basura y una joven madre pidiendo dinero, ¿ves?, allá en Cuba también hay pobreza, es verdad, solo que está compartida por todos, me adoctrinaba el funcionario cubano, y yo recordaba entonces a ese respetado ex–militar cubano que le regaló a su nieto, por el cumpleaños, tres equipos completos de buceo, y la pareja de alto rango que encargó para su bebé toda la canastilla en una boutique parisina, y al hijo de un importante figura política también nuestra, recientemente caída en desgracia, que costeó el viaje al Pico Turquino de toda su aula. Pobreza compartida.

El día de irme sentí el peso de Cuba en América. En el aeropuerto Eldorado me fotografié con el funcionario cubano, con tan mala puntería que detrás, al alcance del flash, quedó la moto de un guardia de seguridad colombiano. Casi me confiscan la cámara. Ustedes son cubanos, y eso es precisamente lo malo. Le aclaramos que yo participaba en un evento cultural del que, por suerte aquel señor había visto algo en la televisión, y eso lo tranquilizó un tanto. Tengan cuidado con lo que hacen aquí, ya su gente ha provocado bastante guerra en este país. Le dimos las gracias, y al rato me perdí rumbo a Cuba.

2 comentarios leave one →
  1. Octavia permalink
    junio 21, 2009 4:10 pm

    Interesante !!.

  2. junio 26, 2009 10:20 pm

    SALUDOS
    TE INVITO A DEVOLVERME EL SALUDO
    Y RECIBE TODO MI APOYO
    GRACIAS
    http://cubaenlaopinion.blogspot.com/

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