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El sismo definitivo

agosto 13, 2010

Sin empuñar uno solo de esos miles de objetos mortíferos que adornan nuestros museos, Guillermo Fariñas terminó de quitarle los aromas carcelarios a medio centenar de hermanos. Y le dio esperanzas a otros miles. Este 26 de julio, mientras el país era disfrazado de consignas rojinegras para ocultar la apatía nacional, y en Artemisa, Santa Clara y La Habana nuestros gobernantes y sus panegiristas ensalzaban por enésima vez la impaciencia sangrienta con que quisieron resolver los problemas cubanos hace 57 años, Fariñas descansaba en el hospital villareño Arnaldo Milián Castro, marcado por el sino de la nueva era de no violencia que acaba de consagrar en la historia política de Cuba.

Lo he visto en tres ocasiones. En la primera, sonreía todo el tiempo: ya su huelga de hambre, para que los cubanos tuviéramos Internet, le había marcado el cuerpo delgadísimo. Fue afable, aunque no nos conocíamos. Un buen hombre.

La segunda vez –octubre o noviembre de 2008- era yo quien llevaba encima la carga de mi sinceridad. Llegué a su casa: la única abierta para mí en Santa Clara, luego de que me expulsaran, amenazas y violencia por medio, de la carrera de Periodismo en la Universidad. Me recibió un Fariñas febril. “Dime qué podemos hacer por ti: adonde quieras, iremos.” Había un plural de valentía que justo en ese instante en que acababan de aislarme, tenía la fuerza de una multitud. En el recibidor improvisado de su casa del Condado –de los barrios más humildes y temibles de Santa Clara- respiré la misma decisión rectilínea que se siente en los libros de historia, frente a los nombres audaces que alguna vez han querido hacer de Cuba un país mejor.

La noticia de mi grotesca segunda expulsión, firmada por él, periodista arduo, limpio y respetado, repicó en cientos de webs.

El tercer encuentro fue hace muy poco: tras los cristales en la sala de cuidados intensivos. La huelga de hambre por la libertad de los presos políticos ha terminado. No me le acerqué mucho; cualquier germen prendido en mi ropa, con la que acababa de atravesar más de trescientos kilómetros, podía serle fatal. Su mirada es lúcida, en medio de esta era de nubarrones geriátricos. Sonríe agradecido ante las visitas de los conocidos y amigos. Su anciana madre lo cuida como si acabara de verlo nacer; el sobresalto de ella pesa lo mismo que la tremenda decisión de su hijo. Fariñas aprovecha la magra televisión nacional; no es su mente la del hombre que ignora su entorno, y menos aún, la del indiferente ante el futuro. Fariñas está lleno de ideas sobre lo que ocurre en su país, y lo que debe ocurrir para que la isla en donde se empeña en vivir, pero vivir con dignidad, deje de ser el más increíble paraíso exportador de seres humanos y el feudo de uno de los pocos gobiernos en el hemisferio occidental –junto con los africanos dictadores de Burkina Faso y Guinea Ecuatorial, y el sultán marroquí- empecinado en su propia infinitud.

El camino para salir está custodiado por abundante y optimista propaganda gubernamental.

Hace más de cincuenta años, el Che estuvo entre quienes aquí impusieron sus ideas en medio de manantiales de sangre joven, amiga y enemiga, de detonaciones y de humo de pólvora. Santa Clara, la ciudad donde más gloria conquistó el comandante Guevara, está llena de homenajes al militar. Pero debajo de esos colosales monumentos a la violencia, algo ha fallado. Una grieta imperceptible, una tenue y profunda rajadura que nadie sabe dónde termina, recorre esas calles: empieza bajo la cama de un hospital… y se pierde en la distancia.

3 comentarios leave one →
  1. agosto 15, 2010 1:25 pm

    En favor de Reina Luisa Tamayo:

    http://en2.es/Jx

    yo cambie la cabecera de mi blog, hasta que cese la represión contra esta valiente señora y animo a los demás a que también lo hagan.

    pasa el mensaje.

  2. _Octavio permalink
    septiembre 21, 2010 8:06 pm

    ¿Aun crees tu que ese Che, es el legendario comandante buenagente , sincero y rtevolucionario con el que nos adoctrinaron por años en Cuba?

    Que alguien te haga llegar el documental” CHE, ANATOMIA DE UN MITO”
    Ahi conoceras al verdadero hombre detras del rostro famoso de Kodac.
    Cambiaras tu idea de ese hombre y querras borrar tus post que lo elevan a la categoria de “gran hombre”
    Saludos.

    • lori759@gmail.com permalink
      septiembre 7, 2013 9:22 pm

      Disculpeme, pero me parece q debe volver a releer el post q esta magnifico!

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