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Hatuey en llamas

agosto 27, 2010

pero sin sacerdotes católicos ni heroísmo: el pueblo en donde nacieron mi padre y mi abuelo lleva años consumiéndose en la hoguera de los macondos míseros y deslucidos, que desde hace medio siglo chisporrotea en esta isla. Lo único común entre el final del cacique y el de ese pueblecito son las promesas de una vida mejor: una hilera interminable de jóvenes, de profesionales, de gente emprendedora, ha encontrado un camino certero que está más acá que el de la promesa divina.

La tienda de Alcibiades era la más próspera del pueblo. De las tres o cuatro que había, tenía el mejor surtido: dulces en conserva de frutas europeas, vinos, longanizas y jamones, galletas y refrescos de las mejores marcas del país y el mundo… No había que ir con el dinero exacto: sin importar cuán pobre fuese el comprador, bastaba tener palabra fiel para llevarse todo lo necesario, y pagar después, sin apuro.

Con el método de la voluntad y el trabajo honrado, que sí, sí funcionaba entonces, mi abuelo suplió su casi nula preparación escolar. Mucho antes de que llegara la época de las promesas eternas, Alcibiades Constantín ya era miembro respetado de la Orden Caballero de la Luz y la gente de la comarca que confiaba en la Cubanidad de Grau San Martín lo había elegido para representarlos. Su discreta prosperidad económica le permitió ayudar a los rebeldes locales del 26 de Julio. Mientras vivió en Hatuey nunca dejó de trabajar como obrero del central azucarero Najasa.

Hace poco regresé a su pueblo, el primero que se atraviesa en la línea del ferrocarril central –al que le debe la existencia- yendo de Camagüey a Oriente. Por supuesto, polvo y casas de madera que se tambalean. No hay nada que comer en la calle, porque no hay nada que comprar, excepto estatales bocaditos mosqueados. Todas las noches, todas las tardes, todos los fines de semana, hombres aburridos y los jóvenes que quedan se reúnen en cualquier lugar, en la puerta de la casa o bajo los árboles del parque, para tomar ron, hablar de la vida que no tienen, y tomar ron.

Una obediente criatura se presentó aquella mañana de 1968 en la tienda de mi abuelo, con un papel en la mano: “Alcibiades, desde hoy esto pertenece al pueblo. Solo así todos tendremos un porvenir mejor.”

3 comentarios leave one →
  1. agosto 28, 2010 5:44 pm

    Cuantas veces he escuchado esta historia, lamentable y triste por cierto, que hicieron con una Nacion de tradicion prospera!!!, robaron en nombre del Pueblo todo lo que pudieron, destruyeron las riquezas y suenos de Nuestros abuelos, doblegaron la dignidad del cubano haciendolo ruin y mentiroso. Como creer en ellos, ahora ????

  2. Auto Post permalink*
    agosto 28, 2010 11:58 pm

    ¿Es parte de la primera línea que falta? El poste parece comenzar en el medio de una sentencia.

  3. septiembre 16, 2010 2:08 am

    Eso sucedió por fanatismo, el pueblo le dio todo el poder a un líder, o el se lo agarro y dejaron de existir leyes basadas en la voluntad del pueblo o al menos de un grupo de personas para que la ley fuera capricho de un solo hombre que siempre ha tenido grandes ansias de poder, un poder desmedido, no quiere que nadie tenga nada, ni tenga medios para tener nada, el solo puede tener el control sobre todo, para que todos dependan de el. Aun cuando el líder fuere un santo (que no lo es) ese sistema esta mal, y es lo que ha llevado a cuba de mal en peor.

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