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Gandhi sonriendo de madrugada

septiembre 15, 2010

Madrugada. Ocho jóvenes estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, pasajeros sin pasaje de un tren. Están en el entrecoche, de pie o en cuclillas, ateridos del frío más intenso del mundo. En la puerta de la derecha, dos policías: no los dejan pasar. En la puerta de la izquierda, tres funcionarios ferroviarios: los tienen cercados. Un hombre de tamaño y prepotencia enormes vocifera desde la estación: el tren va a arrancar solo cuando bajen esos malditos estudiantes que montaron sin pasaje en Santa Clara. Esto ocurre a las dos de la mañana en un lugar aislado hasta de sí mismo: Guayos, y falta más de la mitad del camino para llegar a Camagüey, destino de los muchachos.

Hay otros muchos viajeros que tampoco tienen pasajes y no han sido molestados, entonces ¿por qué acosan a los jóvenes?

Dos meses antes, algunos de esos mismos estudiantes subieron a un tren, sin tener pasaje. Eso es normal en Cuba: los trenes nacionales no satisfacen ni el veinte por ciento de la demanda de los viajeros, y existe una regulación que permite que monten personas sin pasaje, a las que una vez a bordo del tren se les cobra el doble de la tarifa establecida, para beneplácito de algunos diligentes bolsillos. Pues a esos muchachos se les aplicó ese sistema, con la peculiaridad de que después de haber sido exprimidos (cada uno tuvo que entregar un tercio de lo que mensualmente les da la Universidad para mantenerse), vieron cómo el dinero iba a un bolsillo del que no salía ningún tiquet ni otro comprobante de la transacción. O sea, que estaban engordando a los funcionarios.

¿Qué hicieron entonces? Redactaron sobre la marcha una carta al periódico estatal Juventud Rebelde, válvula de escape nacional de todo aquel disgusto que no se meta con los causantes primarios, y eso provocó un proceso de depuración en ciertas instancias de los Ferrocarriles de Cuba. Hubo sanciones a un par de personajes. Volvamos a la Escena 1.

El jefecillo de un tren, salpicado por aquella reclamación, en mafioso desquite decidió cerrarlo para los estudiantes de la universidad santaclareña, y lo logró hasta que nosotros, obligados por la irremediable carencia de transporte, subimos al tren una noche. Lejos de la estación, el personaje notó nuestra presencia inconfundible, y nos ordenó bajar. Fieles policías y funcionarios nos empujaron, coche a coche, hasta concentrarnos en aquel rincón. Y allí, bajo gritos y amenazas de multas y de calabozos, nos exigieron abandonar el tren en la primera parada.

Decidimos que eso era discriminación y venganza y abuso, y no había derecho, en fin, y optamos por quedarnos inmóviles y mudos. No quisimos bajar en Placetas. Una muchacha les explicó a los policías las razones de la desobediencia. El jefe del tren juró detenerlo definitivamente en Guayos: Voy a llamar al Partido y a quién sea. Instintivamente, nos pegamos más. Los policías fumaban, nerviosos, sin mirarnos a los ojos. Un civil con sospechoso aire de negociador, quiso saber qué queríamos. Hasta Camagüey, y pagamos lo que se debe. Los alaridos del jefe del tren, aferrado al teléfono de la estación, se sentían en todo el andén oscuro. Alguno titubeó: ¿Y si nos meten presos? ¿Y si nos botan de la Universidad? Nadie le contestó al que había hablado: su novia lo miró y escupió un chicle por la ventanilla…

Bienvenidos a la tierra de El Mayor, dice el letrero más vistoso de la terminal ferroviaria de Camagüey. Con los maletines al hombro, sonriendo todavía de susto, nos separamos esa mañana en la estación. Miré atrás, al tren detenido, a sus amos incapaces y sus servidores grotescos, a la madrugada en que unos jóvenes perdieron el miedo.

3 comentarios leave one →
  1. mayo 20, 2011 10:00 pm

    Que bueno que hayan gente como tú que cuentan sobre Cuba de esa forma como lo haces tú. Te leo desde Alemania con mucho interés y te deseo todo lo mejor del mundo! Si puedo serte de alguna ayuda como por ejemplo subirte algún material, o bajarte algo de Internet y enviartelo, etc, etc, me lo puedes solicitar! Muchos abrazos desde el norte de Alemania. Con carino; Alfredo

    • Henry Constantin permalink
      mayo 24, 2011 12:42 am

      Gracias, Alfredo. Lo más importante para mí, y creo que para todos los que escribimos lo que que pensamos sobre nuestra realidad, es la solidaridad y el ánimo, y que nuestros mensajes lleguen a más personas. Cada persona que llegue al blog a través de ti es ya una ayuda invaluable. Gracias.

  2. junio 23, 2011 6:20 am

    En horabuena Henry, es muy interesante tu óptica ( en gral. del blog, no solo este articulo) Ir desde la perspectiva del viajero y sus vicisitudes para llegar a una critica actual de la politica y la sociedad cubana. Estas enterado de la “movida” de #Twitthab ?. Un abrazo desde Barcelona.

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