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Cerrado, para cubanos

septiembre 25, 2010

Hay regiones de mi país donde yo no puedo entrar, todavía. Al menos si no voy cargado de documentos oficiales, autorizaciones, avales y cartas de recomendación. Toda una lista se llena con ellas. Estoy acostumbrado: en Cuba se pueden hacer –o ya las han hecho los que mandan- listas con una infinita variedad de elementos prohibidos para los cubanos. Hay una lista de webs a las que no puedo entrar, una de revistas y periódicos que en las bibliotecas estatales no dejan consultar (sobre todo los que muestran a mis actuales gobernantes cometiendo errores dignos de silenciar), otra de filmes –Antes que anochezca, La ciudad perdida…- que no puedo encontrar en las videotecas y cines estatales, de músicos que está prohibido poner en la radio y la televisión –Alejandro Sanz, Willy Chirino, Porno para Ricardo… La más indignante es la de personas que no conviene llamar por teléfono o visitar –yo lo hago de todas formas, y por eso debo estar incluido también en ella-, hay otra con personajes históricos que no pueden ser mencionados sin que se les endilguen ofensas –los comandantes Eloy Gutiérrez Menoyo y Húber Matos, el presidente Estrada Palma… Hay decenas de listas de lo vedado al ciudadano común en Cuba. Pero son las regiones prohibidas de nuestra geografía las que me interesan en este reporte de viaje.

El post con que inauguré el blog contaba cómo no pude entrar al Cabo de San Antonio, en Guanahacabibes -en el extremo occidental de Cuba- por la única razón de que yo no era extranjero. Aquella vez los funcionarios del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente me negaron el paso, como estaba orientado que le hicieran a todo cubano residente en la isla. Mientras me consolaba del frustrado viaje, unos cuantos vehículos con chapa de turismo pasaron raudos, rumbo al Cabo; frenaron el tiempo justo para preguntarle la ruta, con acento andaluz e italiano, al solícito guardián que les levantaba la barrera.

En el extremo opuesto del país, a medio camino entre Baracoa y la desembocadura del río Yumurí –costa norte- hay otro de esos puestos ¿fronterizos? En él unos espeleólogos, conocidos en la zona y cargados de autorizaciones oficiales, esperaron casi una hora, al sol del mediodía, hasta que el oficial a cargo consideró que podían pasar, rumbo a la Punta de Maisí.

El archipiélago Sabana-Camagüey, que bordea la costa norte de las provincias centrales, también está prohibido. Sembrado de hoteles entre Cayo Santa María y Paredón Grande, con pocos accesos terrestres –unos antiecológicos y descomunales terraplenes desde Caibarién y Turiguanó-
los vehículos que transportan cubanos son cuidadosamente revisados por agentes de la Policía, ante los que hay que agitar sin demora cuanto documento lleve uno arriba, so pena de que lo hagan bajar y quedarse. Y no se puede entrar por simple turismo; si uno no lleva reservación para algún hotel, o no tiene credenciales como trabajador o participante en eventos ya registrados, no entra.

Lo mismo ocurre en Sabinal, menos explotado turísticamente, y en Cayo Romano, el mayor y más conservado de la cayería. Como si fuera poco, hay al menos uno de esos islotes que exige doble proceso de autorización: Paredón Grande. El cubano que llega hasta allí debe mostrar permisos, y como la vía de acceso terrestre es a través de Cayo Coco –en cuya entrada de Turiguanó ya le revisaron los papeles- pues resulta que se es doblemente chequeado.

Pero Isla de Pinos, que todavía tiene el nombre de oficial de Isla de la Juventud, es un caso todavía más irónico. Hasta bien entrado el siglo XX no quedó clara la soberanía cubana sobre la agreste comarca, frente a los amagos colonizadores de los norteamericanos. Y ahora, en pleno siglo XXI, el acceso de nuestros nacionales al sur de esa isla menor –su parte más extensa e inhóspita- requiere de más permisos y trámites que los que necesita un ciudadano de la Unión Europea para pasar de un país a otro. Y ni hablar si el cubano pretende conocer al célebre Cayo Largo, más de 100 kilómetros al este: yo solo he podido verlo desde un avión.

No solo hay tierras vedadas. También las aguas que rodean la isla, supuestamente aguas territoriales, son nocivas –según creen las autoridades- para los cubanos. Un par de jóvenes del pintoresco Cayo Smith –o Cayo Granma, su nombre oficial- dueños de botes en los que dan recorridos por el interior de la bahía de Santiago de Cuba, abrieron los ojos con asombro cuando les sugerí asomarnos por el vistoso lado exterior de la bahía, donde se levanta el Castillo del Morro. “Eso está prohibido”. Y esta es regla nacional: cada cubano que esté en una embarcación marina debe andar poderosamente autorizado, o se arriesga a dormir en un calabozo.

En todos estos casos la protección ecológica, que es la justificación para restringir o controlar el acceso a muchas zonas protegidas en el mundo, queda descartada, por la marcada diferencia entre los trámites que realiza un ciudadano extranjero y un residente nacional que quiera visitar cualquiera de estas zonas. Al visitante foráneo le basta con asomarse, mientras el cubano, cuando no tiene reservaciones adquiridas con anticipación –si la zona es hotelera- puede llegar a los tres meses de espera, buscando autorizaciones de hasta media docena de funcionarios ¡eso si tiene una justificación válida!, y a expensas siempre de que se le niegue el acceso por cualquier capricho baladí.

Donde nuestro destierro se hace colosal es en Caimanera, la ciudad más cercana al perímetro de la estadounidense Base Naval de Guantánamo. Los cubanos sentimos el territorio de La Base como parte de nuestro país, y esperamos que algún día lo sea en los hechos. Por supuesto, no podemos entrar en ese lugar, pero por si fuera poco, quienes nos mandan han extremado la distancia a tal punto, que a Caimanera, ciudad que sí es plenamente nacional, no entra un cubano si no está autorizado con mucha anticipación y justifica su visita con una solicitud de familiares residentes en el pueblo, que también han de informársela a las autoridades.

Los motivos más probables para tanta discriminación dan vergüenza: impedir las salidas ilegales -¿acaso nuestra isla es una cárcel, que es de donde único alguien puede salir ilegalmente?-, proteger la naturaleza –¿protegerla de los cubanos que andan a pie, no de los extranjeros en autos contaminantes en los que pueden llevarse sin problemas cualquier criatura en extinción?-, impedir desvíos de embarcaciones navales o una provocación a La Base…

De todos estos pretextos, y de la flagrante discriminación que procuran encubrir, se desprenden dolorosas conclusiones. La más obvia: que los cubanos residentes en este país no somos considerados ciudadanos poseedores de derechos inviolables ante las instituciones del Estado -cuya razón de ser es garantizar esos mismos derechos- sino algo muy distinto: unas personas que viven en el lugar donde gobiernan otras, y cuyo valor está por debajo, y subordinado, al de las políticas y los intereses de esos gobernantes. El temor colosal de estos individuos a perder su autoridad ante las salidas ilegales, los improbables desembarcos clandestinos, o la presión sicológica de un conflicto con La Base Naval, nunca puede ser razón, en el siglo XXI, para mantener medidas discriminatorias contra sus propios ciudadanos. Eso solo apura la necesidad de apartarlos del camino, si ellos mismos pierden la oportunidad de rectificarlo. Hoy, su meta es bien clara: derribar los silenciosos muros y discriminaciones que los temores de otra época levantaron, ponerse en paz con su pueblo; y reconstruirle el orgullo.

Cuando cualquier cubano pueda mirar al mar, desde el Cabo de San Antonio, sin sonrojos ni permisos, habrá una buena señal.

8 comentarios leave one →
  1. Manuel Natera permalink
    marzo 3, 2011 10:21 am

    Los ciudadanos de la Union Europea no necesitan de ninguna documento o autorizacion para viajar de un pais a otro miembro de la Union. Simplemente cruzan la frontera como si Ud fueran de la Vibora al Vedado.
    Si un ciudadano de esta Union quisiera viajar a otro pais no miembro, puede hacerlo de dos formas; la primera es si el pais a visitar tiene convenio de no necesitar visa, con lo cual simplemente compra su boleto de viaje, llega al aeropuerto del pais que quiere visitar y alli solamente le pondran el cuño de entrada en la aduana, le revisaran su equipaje y eso es todo. La otra forma es si el pais a visitar no tiene convenio para lo cual entonces el ciudadano debe vistar el consulado o embajada del pais al cual quiere viajar y alli previo pago de tramitacion le concederan– casi siempre— una visa que le permite vistar a ese pais por determinado tiempo. Cuando Ud va a comprar su boleto de viaje nadie le va a preguntar si tiene permiso para entrar a ese pais, si tiene visa, etc.Lo mismo sucedera en el aeropuerto de salida, ningun funcionario le va a pregunar si tiene visa o no. Solamente comprobaran si su pasaporte es valido y esta vigente. Cuando Ud llega al pais a donde quiere viajar es alli donde comprobaran si Ud tiene visa o no, si su pasaporte esta en regla etc, solo eso. El viajar es un derecho respetado por los paises que cumplen con las leyes universales que protegen a sus ciudadanos. Ud no necesita pedirle permiso a nadie para viajar, simplemente compra su boleto, tiene su pasaporte en regla, y sale o entra cuando Ud quiere, siempre y cuando sea un ciudadano comun y corriente, no tiene problemas con la justicia y no utiliza ese privilegio para hacer cosas en contra de la ley.

  2. Oscar de Cespedes permalink
    abril 13, 2011 2:06 pm

    He leído minuciosamente su articulo de “cerrados para cubanos” Muy interesante lo que explica y quisiera aportar algo más. En Isla de la Juventud el poder llegar al Faro de Carapachibey, necesita todos los permisos que MININT exige para acceder a un lugar. Lo mismo sucede con el otro poblado cercano a Caimanera, Boquerón. Ambos los denomino pueblos cautivos, porque está prohibido el acceso a los cubanos, sin embargo si revisa las páginas de Turismo de Cuba, leerá como invitan a los Turistas extranjeros hospedarse en el Hotel Isla Azul de Caimanera y las ofertas para ir al Mirador de Malones, para observar desde alli la Base Naval de Guantánamo.
    Gracias a su articulo, pude enterarme que está prohibido visitar el faro de Punta de Maisi, en la decada de los 80 pude hacerlo y para visitar el faro del Cabo de San Antonio, tuve que acogerme a un campismo de playa Las Tumbas, porque desde el punto de La Bajada, quedaba prohibido el paso a la peninsula de Guahanacabibes.
    Deben de haber muchos lugares más, pronto lo será Varadero, porque asi lo consideran los dueños de Cuba.

    • Henry Constantin permalink
      mayo 8, 2011 3:25 am

      Muchas gracias por los detalles extra que no conocía. Realmente, las dimensiones reales de nuestro país, para un cubano, son mucho más pequeñas de lo que nos dicen los libros de texto de geografía. Y a la lista que hice, y que usted amplió, se suman muchos cayos aislados a los que un cubano no puede arribar si no es parte de una expedición oficial (como Cayo Confite).

      • Oscar permalink
        junio 26, 2011 3:34 pm

        Muchas gracias a Ud. estimado Henry. Creo que ambos tenemos la pasión de viajar y conocer. La diferencia es nuestra edad, porque Ud. es muy joven y ya yo estoy en los 61. Mi tiempo se está acabando.

        Conservo, el haber podído conocer a Cuba a pesar de esas limitaciones existentes. Nunca pude visitar Cayo Largo del Sur, el poblado de Boquerón, Cayo Saetía en Holguín y otros lugares, que son propiedades absolutas de los dueños del Archipiélago Cubano.

        Con rabia he leído lo sucedído a Ud. pero tenga confianza y fe, que un día no muy lejanos, sus sueños y aspiraciones se convertirán en realidad.

        Todos mis buenos deseos y a pesar de nuestra diferencia en años, espero tenerlo entre mis amigos y sirvase escribirme a mi correo electrónico, siempre que asi lo considere.

  3. Narciso permalink
    mayo 1, 2011 5:42 pm

    El rio Yumuri esta en Matanzas.

  4. Pedro permalink
    mayo 17, 2011 1:49 pm

    Interesante, porque poco sabia de los diferentes lugares mencionados.

  5. junio 20, 2011 9:36 pm

    Acabo de postear en un blog pro regimen y quede en espera de de que el filtro decida si mi comentario es autorizado. He en contrado tu blog y me parece asombroso lo que pasa en tu pais. No puedo entender como aun hay gente que defiende irrestrictamente al regimen sabiendo de todas estas cosas que ocurren. Sobre todo me asombra que sea gente joven los que se pongan las antiojeras.

    Un saludo a miles de kilometros de distancia

    Igor Sepulveda

    Talca – Chile

  6. Mario loyola Figueroa permalink
    diciembre 27, 2011 4:55 pm

    Sin conocer Cuba siento un cariño por ella y lo que representa.
    A veces sueño despierto y pienso en que me gustaría vivir en un pueblo cualquiera de Cuba y conocer al poblador cubano.
    Pero se que en las condiciones actuales es imposible.
    Tengo entonces en mi corazón y mi cabeza dos Cuba, la que me gustaría conocer y vivir y la que me cuentan ustedes, hermanos. Ambas imposibles para mi, hoy día.
    Un abrazo
    Mario
    Chile

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