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L de libertad

marzo 31, 2013

Un indio decapitado corre encima de su caballo blanco por los alrededores de Las Tunas, ese balcón de Oriente despintado y monótono que yo quiero tanto porque allí me han querido. Es un mal presagio lo del indio, decían los tuneros antiguos, quizá por el susto ya genético de una población que en el siglo XIX fue demasiado asaltada y demasiado quemada. Hay quien cuenta, para asustar en las noches, que las últimas apariciones del sin cabeza fueron antes de una
apocalíptica granizada y un sanguinoliento accidente de tránsito, hace muchísimos años. Pero no ha vuelto a salir.
Y yo creo que es porque, decapitado al fin y al cabo, no tiene cabeza para ver lo que hay a su alrededor. Porque una tragedia sutil, sin sangre ni cólera ni cataclismos visibles, ocurre todos los días. En las escuelas de Tunas –así abrevian su ciudad los tuneros- y en las de todo el país.
Si usted viaja hasta la villa del Cucalambé –poeta insigne de Las Tunas- lléguese hasta el parque Vicente García. Mire la gallarda estatua del muy discutido general, camine por el nuevo vistoso bulevar que se estira al fondo de la iglesita católica, tome un helado en Las Copas, asómese a la Plaza Martiana –el más ingenioso monumento cubano al hombre de Dos Ríos. Todo eso es muy agradable. Pero si no quiere disgustarse, no camine más allá del bulevar -¿calle Ramón Ortuño? Porque unas cuadras después, como quien busca la Terminal de Ómnibus, hay un círculo infantil, un kindergarten –al decir de los muy abuelos- que se llama Amiguitos del MININT. Yo pasé por allí a la misma hora en que los padres buscaban a sus niños menores de 5 años, que no leen ni escriben pero que seguramente ya recibieron charlas en ese lugar sobre la institución encargada del control y la vigilancia exhaustiva de los cubanos, la que los espía, interroga, golpea y encarcela cuando hace falta. Descubrí el sitio y, muerto de risa por el exceso de lavado de cerebro, lo fotografié. Después me vino la amargura.
La amargura no es por el nombre del lugar, que es solo un detalle en el paisaje de la educación cubana. La amargura es porque ahí recordé que vivo y tengo un hijo que vive en un país donde todo eso, los círculos infantiles para los bebés, las escuelas primarias y secundarias para niños y adolescentes, los preuniversitarios y politécnicos, y las universidades, pertenecen al estado. Y quienes controlan el estado –que yo insisto en escribir con minúscula, porque así lo pienso- las manejan sin ningún respeto ético con nuestros menores. Al contrario, las utilizan para enseñarles y evaluarles la disciplina a sus particulares ideas políticas. Y peor: los entrenan en las artes de obedecer, de decir sí cuando se piensa no, de apartar al que dice su verdad, de huir a cualquier lado cuando ya no se aguanta más. Sin permiso de los padres, que también recibieron esas clases. Una vez le pregunté a Dante, mi hijo de 7 recién cumplidos años, qué letra había aprendido ese día: “F de Fidel”, me respondió. No fue F de familia, que es lo que más trato de enseñarle, ni F de feliz, que es lo que merece. No, esas no eran las palabras más importantes. Ese día aprendió la F, de Fidel.
La educación en Cuba dicen que es gratis. No sé. Es cierto que a cambio de tanta escuela y educación, el gobierno no nos pide que entreguemos dinero, no. Nos pide que entreguemos libertad, que vale más.
El indio sin cabeza no sale ya en Las Tunas. O no hay ninguna desgracia que anunciar, o son tan habituales y silenciosas las que ocurren, que aquel jinete de caballo blanco se disolvió en el pasado. Pero este 4 de abril hay fiesta para nuestros hijos estudiantes que, mientras, siguen en esa única, gratuita y obligatoria escuela posible. Por ahora.
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3 comentarios leave one →
  1. Ramón Ojeda permalink
    abril 2, 2013 11:42 am

    Te cobran más Henry. Libertad, si, y honestidad también, ya tu lo sugieres. Pero es mucho mayor el abusivo precio, es tu alma, tu personalidad, sino no eres incondicional, no eres persona, o eres no-persona. En eso último radica lo diabólico de los sistemas totalitarios, como satán, aspiran a tu alma, y entre las astucias de los poderosos y los miedos e ignorancias de los sin poder, por desgracia lo consiguen. Menos mál que siempre hay un discolo -o algunos- irreverente(s) que, aunque sea por llevar la contraria, erosiona(n) el monolito de la intolerancia y por aquello de que la gota horada la roca, a la larga se vuelve arena aquella aparentemente inamovible montaña. Esta vez no va a ser diferente. Un abrazo y cuidate.

    • abril 2, 2013 8:40 pm

      No creo pueda aportar algo diferente a tu comentario, muy acertado por cierto, segun mis criterios muy similares a los del autor del post.
      Gracias a Henry.

  2. Carlos Martínez permalink
    abril 19, 2013 1:42 am

    No seamos incrédulos,el presagiador de males y decapitado aborigen del caballo blanco se a dejado de ver por dos elementales razones : le han usurpado su habilidad y apezar de su desgracia de no tener cabeza no quiere perder su LIBERTAD de poder galopar por ese despintado y monótono balcón Oriental.

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