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Si Venezuela se mira en Venezuela

abril 10, 2013

A unos 15 kilómetros al sur de Ciego de Ávila, por el centro de Cuba, se alza otro pueblo fallido, el batey del demolido central Stewart, que hoy se llama Venezuela. Una ruina más.
Venezuela fue una vez un pueblo próspero. Más de 7 500 trabajadores ganándose el pan y algo de progreso constante en un central azucarero que llegó a ser el tercero en capacidad de producción de todo el país. Un millón de sacos de azúcar producidos, en 1952. Casonas enormes de madera que todavía existen, aunque despintadas y de medio lado. Un sindicato capaz de duras batallas en pos del progreso de sus trabajadores, que no tenía límites ni concedía tregua a los gobiernos y las empresas –como debe ser. Cientos de habitantes afiliados a distintos partidos políticos, logias, religiones, sociedades culturales, que escogían comprar entre distintos periódicos o montones de marcas comerciales.
Todo eso quedó reducido a Uno. Y a veces a Cero.
Un solo sindicato entrenado para decirles a sus obreros que aunque cada vez les toca menos deben seguir trabajando en silencio; una misma escuela donde los muchachos aprenden montones de cosas que no les darán una pizca de prosperidad cuando se gradúen si permanecen en ese pueblo y ese país. Muy poco para comer en la calle, el mercado agropecuario vendiendo minúsculas papas y algo de plátano y malanga, en medio de tierras fertilísimas. Una pescadería de picadillos a treinta kilómetros del puerto de Júcaro. Un museo aburrido con restos de indios, mambises, sindicalistas y burgueses, que pronto será una oficina más de este pueblo-museo malconservado. La sede del sindicato que dio las batallas contra los patronos en la república, demolida. Vallas enormes con Fidel Castro y Hugo Chávez anunciando un futuro que ni ellos ni sus discípulos podrán traerle a sus pueblos. Silencios interminables en las noches. Y el central, aquella majestuosa mole de labor humana, aquella fábrica que hace 60 años superó el millón de sacos de azúcar, vuelto ruina silenciosa.
Y eso es solo una parte de lo visible. Falta la libertad, que no se mide fácil, porque la gente allí se acostumbró a callar sus deseos de progreso para que no la metan presa o le quiten el trabajo, se acostumbró a una misma empresa de periódicos, de radio y de
televisión; a los mismos políticos y la misma moneda inservible. Se adaptó a pensar en la fuga bien lejos, sin casa ni familia, cuando ya no puede más: esa costumbre es lo peor que le ha pasado a Stewart, a Venezuela.
Este es el drama mudo de Venezuela. Eso le puede pasar a la otra Venezuela, si no escarmienta por cabeza ajena y vota mal o guarda silencio en estos días tan decisivos, en los que olvido esa estupidez de no meterme en los problemas de personas que saludan otra bandera –entre solidaridad por los demás humanos, y respeto a dudosas soberanías hechas para proteger malos gobiernos, me quedo con la solidaridad. Yo también creo, como José Martí y como Bolívar –liberador de tierras ajenas- que patria es humanidad.
Y me duele Venezuela.

5 comentarios leave one →
  1. José Pastor permalink
    abril 11, 2013 8:06 am

    Las ideologias para los pueblos, son como sal para la tierra.

  2. luisrubiobarranco permalink
    abril 11, 2013 8:19 am

    Qué buen testimonio hermana y muy acertada predicción esperemos que este domingo mi país vote por @hcapriles para que eso no ocurra. deseo pronto cambien las cosas en cuba. soy luisrubiobarranco y yo soy venezolano

  3. Ramón Ojeda permalink
    abril 11, 2013 11:43 am

    Un saludo Henry, ¿por qué no escribes sobre la involución de aquel otro pedazo de Cuba que también es tierra tuya? Cuidate, una abrazo.

  4. Carlos Martínez permalink
    abril 19, 2013 12:51 am

    Desgarra,conmueve y provoca la necesidad del fructífero “algo”sobre la nada

    • abril 20, 2013 3:15 pm

      Patetico. Una isla en ruinas cuando todo pudo ser mejor. Con el caudal infinito d sus hijos, de sus mejores hijos seguramente hubiesemos hecho maravillas en ese pais hermoso. Pero todo no puede ser lamento. Muchos sonnamos con la Cuba del renacer pujante. Pero lo mas importante es que los cubanos de intramuros despierten del letargo y se decidan de una vez por todas a arrebatarle al encantador su destino.
      Os amo cubanos dignos, los que se niegan a doblar su cerviz delante del tirano.

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