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Para que Nemesia no llore

abril 22, 2013

Nemesia Rodríguez es la persona más célebre que ha dado la Ciénaga de Zapata. Vive en Soplillar, que no es más que casas alrededor de un campo de pelota, cerca de Playa Larga, en una sencilla vivienda de mampostería con balances de hierro en el portal y confortable sofá –regalado por Fidel Castro- en la sala. Amable, conversadora y abierta, humilde en sus maneras y su entorno, recibió a este desconocido que le interrumpía la labor de costura, sin ningún reproche por lo imprevisto de la visita.
Confieso que en su salita me acomodé incómodo: tres enormes retratos de Fidel Castro, a mis espaldas y costado, uno de Raúl y otro de Celia Sánchez me observaron todo el tiempo, sonrientes y victoriosos de la víctima inocente y sencilla que supieron traer a su trinchera. El retrato de la madre fallecida en aquel bombardeo de abril –una ampliación regalada por Kcho- yace también en el medio de los presidentes cubanos. Cuando llegué, Nemesia tenía enfrente, cubierta por el trabajo de coser que desatendió para conversar conmigo, una Biblia.
La escuché con respeto. No fui allí a provocarle memorias lúgubres, ni a discutir sobre las dos Cubas opuestas que defendemos, sino a conocerla de cerca. Sentí como mío ese dolor por su madre perdida. Callé ante todas sus palabras de afecto y gratitud con personajes que, para mí, merecen el más rotundo olvido, pero que a ella le brindaron algo de interesada compasión y apoyo. La comprendo porque yo también he visto a mi madre en peligro y llanto cada vez que los del Minint la interrogan por el delito de ser mi madre, y las turbias emociones contra esos individuos y sus jefes me son inevitables. El dolor de Nemesia huérfana, dolor infinito al que nadie quiere llegar, es digno de que guardemos silencio frente a él; su agradecimiento a los que ve como protectores frente a quienes la dañaron definitivamente, y luego no supieron o no pudieron reparar el daño, es comprensible y humana. Pero existe el perdón, que pocos intentan cultivar en este país –y nunca quienes deben pedirlo- y la reconciliación entre cubanos que han amontonado cordilleras de errores, tan altas como la Sierra Maestra. Quienes estimulan todos los rencores de nuestro pasado y solo hablan de unidad para la trinchera y el poder, no para el perdón y la convivencia, quienes compusieron aquella Elegía envenenada de manipulación y politiquería y se la han hecho repetir a millones de niños cubanos, quienes provocaban en una víctima la repetición pública de su historia desoladora, quienes hincharon toda la tristeza de la víctima en ese último viaje de 2011 a Santiago de Cuba, y no pudieron impedir que terminara ingresada en la terapia intensiva del hospital Saturnino Lora porque el corazón le fallaba de tanta emoción revivida, “no la hagan hablar más de lo que sufrió en el pasado, porque la matan ustedes, no los aviones”, le dijeron los médicos a los oficiales del Minint, guías de Nemesia, esos, esos que disfrutan cultivando malos recuerdos en un país que necesita reconciliarse y hablar del presente, son los verdaderos responsables de cada llaga abierta aún en las conciencias cubanas. Y de las que, por lo visto, faltan.

2 comentarios leave one →
  1. abril 22, 2013 2:48 pm

    Como no dejar mi comentario emocionado en este texto cargado de dolorosa realidad. Tu analisis sobre este hecho retorcido por los gobernantes cubanos para consumo de la poblacion, es algo criminal.
    Yo he podido ver gracias a Dios, la cara de las dos monedas. La realidad dentro y fuera d Cuba. Alla los cubanos “apatridas y mercenarios” que fueron a invadir. Cuando conociendo la verdad, fueron muchos jovenes cargados de patriotismo q arriesgaron mucho con tal de evitar la catastrofe que se nos vino encima. Alla los milicianos que creyendo en la quimera enfrentaron con sangre y fuego a los hermanos con los que nunca debieron pelearse. Cain y Abel, resumiendo historia.
    Gracias por tu inteligencia esperanzadora.

  2. Ramón Ojeda permalink
    abril 23, 2013 5:38 pm

    Amigo Henry.
    Como sugerí en mi comentario a tu trabajo anterior sobre la ciénaga de Zapata, Fidel Castro es un personaje astuto, por tanto según mi lógica, un practicante de la inteligencia egoísta.
    Para manejar a las masas, los líderes, más que a razones apelan a las emociones. Para mejor manipularlas indagan e intentan comprender su imaginario e ideosincracia. Una vez conocida el alma colectiva del pueblo del que pretenden enseñorearse, dirigen su propaganda hacia el lugar más sensible.
    Nuestro pueblo cubano ha sido historicamente noble y muy sensible ante los abusos e injusticias, además como casi todo sujeto colectivo, bastante ingenuo, esa verdad la comprendió Fidel desde sus días de aspirante a dictador.
    Conocedor del efecto que tendría sobre la conformación de un estado de opinión favorable a sus solapadas intenciones megalomaniacas, favoreció -desde bien temprano- la adecuada manipulación propagandística del dolor ajeno y convirtió esa rastrera maniobra en otra herramienta para conseguir su ambición de controlar absolutamente el poder político en la isla.
    Para concluir, manipular el dolor real causado a Nemesia por los acontecimientos en que desembocaron las circunstancias políticas contemporáneas con la infancia de aquella niña cienaguera, es solamente otra de las poco éticas prácticas del dictador y sus tanques pensantes.
    PD: Sólo inventándose un delito como madre de contestatario o disidente llegaría Maria Concha a delicuente. Suerte y cudate mucho.

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