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Otro barco para Corea

julio 19, 2013

He estado en Corea un par de veces. Y el recuerdo me oprime el pecho: las personas allí trabajan desde que el sol no ha salido, por un salario mensual que les alcanza para una semana; no saben qué es Internet y nunca han usado e-mail; llegan puntuales a los actos políticos y aplauden mecánicamente, como les enseñaron a hacer desde niños, y luego se van con cara de haber pasado un rato muy inútil; hablan mal de lo que llaman el imperialismo norteamericano y el capitalismo, pero miran con cierta envidia a quienes vienen de allá o dejan ver el móvil o un par de zapatos de marca.
Eso es Corea, un lugar en las lomas, a 14 kilómetros al norte de Mayarí Arriba, en Santiago de Cuba, donde hay una casita de la Empresa Forestal Sierra del Cristal, que se llena de hombres igualitos en mordazas y escasez a los de la otra Corea, la del Norte, a donde van nuestras armas sin permiso de nosotros, sus dueños.
A las personas en Corea del Norte no hay que llevarles más armamento: bastante tienen, hasta nuclear, y ninguna felicidad les ha traído. Ellos –como nosotros hoy- lo que necesitan, amén de todo lo básico para vivir, son herramientas de libertad, y puestas en sus manos, no en las de ese inmenso estado que las gasta en vigilarlos:
computadoras, teléfonos celulares, memorias flash, cámaras de foto y video, antenas satelitales para internet y televisión; libros y manuales de tecnologías digitales, derechos humanos, resistencia pacífica, periodismo y sociedad civil; acceso a twitter, wordpress, youtube o facebook para que publiquen todo lo que quieran; pasajes de ida y vuelta a cualquier lado, para que aprendan y rieguen entre los suyos ideas de cómo hacer esperanzadora la realidad de gentes cuyo hermanos gemelos del lado sur sí tienen niveles de vida excelentes… Porque la política exterior cubana no debe ser jamás la de “felicidad en casa propia y ya”. En cuanto seamos más libres como personas y más prósperos como nación, Cuba no debe olvidar a toda la gente en el mundo que la pasa tan mal como nosotros la estamos pasando. La solidaridad humana, al fin y al cabo, es lo que se ha predicado por 50 años en nuestras escuelas y medios de difusión, aunque no siempre con intención pacífica, inocente o desinteresada.
Cuba y el mundo deben cambiar mucho. Los humildes trabajadores que cortan madera en la Corea de Sierra Cristal, de donde saqué el pretexto viajero para este escrito, merecen una vida mejor. Los coreanos del norte de la península, que tienen parecidas carencias, también.
Y los cubanos necesitamos mejor política internacional, una que además de velar por nosotros, sea también solidaria con cualquier humano de abajo -sin importar su bandera- con los oprimidos, no con hombrecillos aferrados al poder eterno y total: algún día nuestros barcos llevarán internet y computadoras y libros, en vez de armas escondidas. Algún día.

3 comentarios leave one →
  1. julio 20, 2013 5:18 am

    Gran publicación, si se pudiera llevar y traer en los barcos las cosas que realmente necesita la gente…
    Si se pudiera abastecer a nuestros hermanos de libertad, felicidad, prosperidad, etc.que distinto seria, no?
    En cambio los gobiernos, ajenos a lo que le pasa al pueblo, transportan armas, despliegan misiles, oprimen mediante la fuerza a los que verdaderamente hacen que un país exista como tal, que es nada más y nada menos que su propio pueblo.
    saludos,
    Abel Gonzalez

  2. julio 23, 2013 12:05 am

    Algun dia, que no te quepa dudas…

  3. agosto 1, 2013 12:38 pm

    Los cubanos solo serán capaces de tener lo que exijan.

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