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Cuba asustada, America muda

enero 28, 2014

Otra vez amanecimos con una Cuba asustada, el día en que nació José Martí. Decenas de arrestos, secuestros y amenazas se han esparcido por las casas de todos los cubanos rebeldes, los que mejor hacen honor al Apóstol de la República, los que no se conforman con el país que tienen, ni le huyen el pecho a golpes ni rejas. En La Habana, yace una reunión de altos políticos de casi toda América, que no incluye a Estados Unidos -la tierra prometida a donde huyen por miles los cubanos- ni a Canadá, el país americano que más turistas pone en nuestra isla caribeña. Así, Nuestra América está minusválida.

Mientras, el resto de la isla mira pasivamente, sin saber muy bien qué sucede a su alrededor.

Por la esquina de la calle de Paula desfilan otra vez las patrullas y los voluntarios, como siempre, atentos a lo que huela a libertad. La idea martiana de una América unida es ahora, ironías de la historia, una inútil realidad salpicada por frenazos de autos de los que bajan soldados vestidos de civil, que secuestran o amenazan, sin ningún argumento legal, a cubanos pacíficos. Todo para que no tenga voz la Cuba que se niega a seguir en déficit de derechos y exceso de subdesarrollo.

Mientras, la junta en La Habana de los otros estados más o menos unidos de América, no le hace ningún asco visible a la ausencia de derechos humanos en que vivimos los cubanos de la isla. Al contrario, parecen decir sus descomunales desembolsos económicos y diplomáticos con el gobierno que más prohíbe y vigila en todo el hemisferio. Algo malo debíamos sacar los cubanos de este resurgir de las presidencias vitalicias, ahora por caminos izquierdos. La Nuestra América de hoy de ningún modo es la que nos pensó Martí.

Una pesadilla de dimensiones que solo se perciben cuando estamos acá afuera de la isla. Y entonces es cuando más duelen. Por eso haré el viaje de regreso, si Dios quiere, hasta mi isla pesadilla, la de los arrestos injustos, el miedo pegado en los genes, la miseria existencial y el exilio compulsivo,. Hasta allí, hasta Cuba, hasta la frustrada casita de Paula. Lo demás, lo haremos después.

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